Un resultado que permanecerá en la memoria

   Ricardo Resendi    23 Dic 2016


A los fervientes aficionados de la Selección Mexicana, se les recomienda leer con cautela. Tormentosos recuerdos podrían resurgir tras el nivel mostrado por el Tricolor en la Copa América Centenario, suscitando un seguidilla de síntomas: perder el tono muscular, disipación en el color del rostro, una sensación de debilidad en el cuerpo y la impresión de constreñimiento en la visión. Se recomienda que el incondicional se recueste en una superficie plana y apoye su cabeza en una almohada hasta que el malestar haya desaparecido

            “Ya vi que están sacando sus cámaras”, indicaba Santiago Baños con cierta ironía en sus palabras. Como la gran tradición que envuelve año con año a los primeros días de enero, era momento de obsequiarle tanto a medios de comunicación como afición, un presente cargado de ilusiones. “Vamos con la esperanza de ganar Copa América Centenario porque es una oportunidad que no se vuelve a presentar”, declaraba el Director Deportivo de Selecciones Nacionales el 5 de enero del 2016.

            Con la finalidad de no decepcionar, los directivos llevaron a cabo la presentación del plan de trabajo de las Selecciones Nacionales. Dentro de ésta, las estrategias y los objetivos a perseguir en el año; siendo esto lo que divierte a expertos y extraños, el escenario que indudablemente mayor expectativa levanta. Buscarían conseguir por lo menos un tercer lugar en la Copa América del 2016. Ese sería el fin último a perseguir.

            Con un gran palmarés que envuelve varios subcampeonatos, un poderío económico que involucraba a patrocinadores y derechos televisivos, el Tricolor  se convertía en un invitado de gran prestigio. En las ocho participaciones que había acumulado en el certamen de la CONMEBOL, no todo había sido digno de preservar en la memoria. La Copa Oro, debido a fines meramente económicos, era organizada cada dos años. Ante tal situación, el combinado azteca se veía obligado a armar dos selecciones. Sin embargo, las cosas parecía cambiar para el 2016, la situación comenzaban a pintar de mejor manera.

            Juan Carlos Osorio tuvo la oportunidad de llevar a los jugadores que él creía eran los mejores. En una edición especial del torneo en la que participaría selecciones de ambas confederaciones, México se presentó por primera vez como uno de los dos locales del certamen. El equipo nacional se midió ante grandes potencias del mundo. Lució por primera vez un buen futbol frente a la Selección de Uruguay. Las expectativas se levantaron, los ánimos se agitaron, la osadía se agigantó. México se presentaría el 18 de julio del 2016 en el Levi´s Stadium de Santa Clara frente a su similar de Chile, con grandes posibilidades.

            A los 16 minutos de juego, Puch aprovechó un rechace de “Memo” Ochoa para colocar la pelota al fondo de la red. De los pies de Vargas, el segundo tanto llegó a los 44´. Sin ideas claras y capacidad de reacción ante la superioridad de equipo chileno, se presentó una lluvia de goles que invadió el estadio. A pesar de la ventaja, los chilenos siguieron buscando la portería contraria. Para el minuto 74, Vargas concretó por cuarta ocasión en el partido. Ya cerca del final, Puch se encargó de sellar la noche con un histórico resultado.

            Fueron siete balones los que lastimaron la potería azteca. Fueron siete goles los que terminaron con las aspiraciones de las Selección Mexicana. Fueron siete tantos los que sepultaron las esperanzas de los aficionados. El 7-0 permanecerá en la memoria de los incondicionales como un claro recordatorio para el año que se aproxima. México tiene la materia prima para pelear con los pesos completos, sin embargo, por ahora seguimos estando en la categoría de abajo.