Jugar y enamorarse en tiempos de Paco Jémez

   Axel Bárcenas / @Axel_Barher    10 Ene 2017


La tarde cambió con su mensaje: bastaron un par de palabras para erizar mi piel y hacerme saltar del sillón, sin mencionar que se anticipó a mis ganas de correr a sus brazos. Al estar frente a ella, traté de mantener la calma, procurando ser sutil; con la intención de no desbordar mi ganas por besarla y no desnudar prematuramente mi locura por ella… aunado al hecho de que era la segunda vez que la veía fuera de las formalidades laborales.

Al paso de unos minutos, mientras miraba detenidamente la cartelera de cine para elegir el pretexto que pudiera regalarme un instante a solas frente a sus ojos frescos y verdes, la escuché; la miré actuar, toqué el perfume de su piel y olí sus dudas. Ese momento de reflexión se rompió cuando escuché en un televisor lejano al exdirector técnico, Mario Carrillo, hablar del debut en la Liga MX del estratega de La Máquina, Paco Jémez; al cual, incluso se dio tiempo de colocar en instancias finales, pese a que sólo había disputado un partido, mismo donde derrotó con duras penas al Necaxa 1-0.

Al hacer frente a las palabras de Carrillo, pensé en la nueva relación que se estaba forjando entre Cruz Azul y Jémez. Por un lado: un equipo envuelto en fracasos, con 18 años sin título, cinco subcampeonatos en ese mismo periodo de tiempo, más de una decena de técnicos que pasaron sin pena ni gloria y, para ‘consuelo’ de los aficionados, sólo una Copa MX en 2013… Por otra parte: el timonel español llegó a La Noria con mucho cartel pero sus números sólo dan cuenta de un título en la Tercera División de España, con el Alcalá, y el ascenso a Segunda División con el Cartagena.

Después de esto, sólo pude pensar en las ilusiones. Y es que a mi lado tenía a una niña hermosa que había llegado a mi vida tras una relación que la dejó herida, llena de dudas, indispuesta a enamorarse por más sonrisas que le hiciera estallar en su rostro… total, yo que podía ofrecer, un tipo errante con un historial amoroso fracasado. Ilusionado por abrir mi corazón de nuevo aunque cada acción hacia ella no fuera bien correspondida.

Quien no tenga memoria para su historia está condenado a repetirla, dicen. Una parte de mi considera que eso es real; sin embargo, las ilusiones tienen su base en el pasado con miras al futuro: uno busca repetir alegrías, victorias y romances, con aires renovados con la intención de ‘volver a comenzar’. No obstante, las cicatrices que no cierran, siembran dudas, impidiendo a las personas a traverse de nuevo: convirtiendo la vida en un círculo vicioso donde dudar es el escudo perfecto para amortiguar las inminentes caídas que vendrán y así justificar otro fracaso más.

El problema no es ilusionarse con la primera victoria de Paco Jémez con Cruz Azul, aún reconociendo que ambos tienen un pasado infasuto y buscan llegar a la gloria pese a todo: la probabilidad de ser felices de nuevo, está, tanto como fracasar una vez más… pero la vida es eso: atreverse, ilusionarse, ganar, perder... aprender. El problema es ceder ante el fracaso, porque ganar o perder (jugar o enamorarse), no es más que una ilusión; la cual hay que vivir con aires renovados todos los días para evitar pensar que tenemos algo que perder.