El boxeo está muerto... Mayweather lo mató

   Manu Basile    26 Ago 2017


 
 
Un par de preguntas:
 
¿Por qué el boxeo no tiene el mismo arrastre que en décadas anteriores? 
¿Por qué la “pelea del año”, en pleno 2017, es un enfrentamiento entre un amateur y un boxeador retirado de 40 años?
 
El culpable tiene nombre y apellido: Floyd Mayweather.
 
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No es algo sorpresivo señalar que el boxeo está o moribundo o vuelto un “muerto viviente” que solo revive dos o tres veces por año (en especial, en las inmediaciones de las fechas del 5 de mayo y 16 de septiembre) y que ha sido suplantado en popularidad y gusto del público por otros deportes como el fútbol y la NFL.
 
Esta crisis se agravó desde que medios y “expertos” norteamericanos principalmente, pero también de otras partes del mundo, dedicaron buena parte de dos décadas a gastar saliva y otros fluidos corporales en alabar la carrera de un insulto para el boxeo como lo es Floyd Mayweather, un “combatiente” que apenas noqueó a un rival en 10 años y cuya principal virtud es correr, danzar, no “boxear”.
 
Los grandes ídolos brillan por su ausencia en los pesos pesados, los boxeadores mexicanos (y latinoamericanos) ya no son la sombra de lo que eran en el siglo pasado y Mayweather es el máximo “ídolo” que pudo concebir la maquinaría publicitaria y mediática de EU. El boxeo es un cadáver arreglado por un taxidermista y movidos por hilos económicos. Una bestia, zombificada pero hambrienta, que se alimenta de lamentables circos mediáticos y carísimos Pay Per Views.
 
¿Quién va a querer apasionarse por un deporte así, sin figuras, sin ídolos? ¿Para qué?
 
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¿Por qué no es ídolo Floyd Mayweather?
 
Quizás porque Mayweather, en el apodo, lleva su penitencia.
 
“Money” Mayweather. El equipo de parásitos y vividores que lo rodea se ostenta como “The Money Team”, nombre también de una "marca" de ropa.
 
Money, money, money. 
 
Dinero, dinero, dinero. El capitalismo ha sido tan generoso con Floyd como lo fue con Rico McPato, aquel personaje de Disney que, en el peor de los excesos, nadaba en una bóveda llena de monedas de oro.
 
Mientras que Alí desafió al gobierno norteamericano rehusándose a ir a Vietnam (gesto que pagó con varios años de cárcel y la pérdida de todos sus títulos) y mientras que J.C. Chávez ganó combates que tenía perdidos con nocauts en el último round, lo único que tiene Mayweather para presumir es su dinero, su dinero, su dinero.
 
¿Que clase de mente atormentada podría idolatrar a un tipo así?
 
¿Para qué?
 
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Decía el máximo líder de la propaganda de la Alemania Fascista, Joseph Goebbels, que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Y los medios, liderados por sus sucursales norteamericanas, se dedicaron a difundir la mentira de que Mayweather era un gran boxeador, un ídolo, porque “el boxeo es el arte de golpear y de que no te golpeen”.
 
Pfff. Más que “argumento”, este lugar común suena a desesperación. A síndrome de Estocolmo para justificar a los que secuestraron y asesinaron al box.
 
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¿Por qué Mayweather no es respetado, como Alí, como Chávez, como Marciano?
¿Por qué Mayweather no es querido como muchos otros combatientes que no tienen ni sus ganancias, ni su récord invicto, ni su proyección mediática?
¿Por qué Mayweather tiene una compulsión de ostentar sus “riquezas”, como un “naco”, en redes sociales?
¿Por qué Mayweather se negó a enfrentar a Manny Pacquiao cuando ambos estaban en la cima de sus carreras?
 
¿Será que muy dentro de él sabe que toda su carrera es una farsa y que muy pronto será olvidado, condenado al “basurero de la historia” de este deporte?
 
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Hoy solo ganarán dos personas: Mayweather y McGregor, que se embolsarán cifras obscenas de dinero.
 
Hoy perderemos el resto, que tendremos que presenciar un “espectáculo” lamentable y decadente.
 
El boxeo está muerto. Mayweather lo mató. Que descanse en paz.