El álbum mundialista, una millonaria y perversa colección de Panini

2018 Abr 06

   Axel Bárcenas / @el_rumour    2018 Abr 06


Recuerdo con nostalgia aquellas tardes cuando salía de la primaria, con apenas dos pesos en mi bolsa, para comprarme un sobre con cinco estampas del álbum del momento. Era una sensación bastante placentera pasar las horas con mis compañeros intercambiando estampillas de algún personaje o momento de ‘Dragon Ball’, ese momento sólo se podía comparar a las veces que se que asomaba un holograma de ‘Goku’ o cuando la señora de los dulces me decía con voz animosa: “un sobre, dos pesos, o tres por cinco”.

Con el paso del tiempo, mis ganas por hacerme de un álbum se fueron ajustando, tanto como el precio de los sobrecitos o de la planilla para reunirlos, pues dejé de comprarlos cuando comencé sentirme robado por pagar cinco pesos por un sobre y 20 más por un cuadernillo de colores que cada vez se llenaba más de publicidad. Era obvio que con la inflación, el paso de los años y el crecimiento mercantil, aquella hambre del coleccionista se transformara en una reflexión sobre el dinero; algo así como la pérdida de la niñez, ante un mundo que requiere solventar los gastos para poder subsistir en un entorno cada vez menos rentable para los coleccionistas ilusos o los soñadores abscesos. 

Pasando por alto que una empresa fundada en 1945 por los hermanos Panini se ha convertido en un verdadero monopolio de estampillas, es preciso resaltar que, por cuestiones comerciales, el auge de este material ha obligado a las federaciones, marcas deportivas y televisoras, a ceder su derechos para utilizar nombres, patrocinadores y uniformes oficiales que invierten en las selecciones de futbol, limitando a otros competidores a publicar un álbum con características similares; sin embargo, tampoco nos pongamos muy puristas: la calidad que ofrece Panini pocas veces se puede encontrar en los anaqueles de los puestos de periódicos y, obvio está, que tienen todo el poder adquisitivo para presentar materiales de calidad.

Desde 1970 que se presentó el primer álbum de Panini para México, su consumo ha incrementado de forma notable la aparición de anuncios u otras mecánicas para sumar las ahora calcomanías; tal y como ocurre con las promociones lanzadas en las etiquetas de Coca-Cola, la invitación a comprar estampas faltantes a través de la página oficial de la marca o la compra y descarga de una estampilla personalizada. En términos generales, esto genera un incremento de precios, algo que superficialmente podría explicar el salto de los seis pesos que costaba un sobre en el mundial pasado, a los 14 que cuesta hoy para la justa deportiva en Rusia.

Cabe señalar que, aunado al hecho del costo, el personal encargado de distribuir la planilla, informó que el precio actual se debe a la “igualdad de costos”; es decir, una especie de precio homologado que gira en torno a la variación de dólar y que coloca el valor de las calcomanías entre los 13 y 20 pesos en distintas regiones del mundo, según sea la moneda de cambio. Un negocio bastante redituable, sobre todo si se recuerda que Panini ha sido la marca oficial del álbum durante 12 mundiales consecutivos.

Ahora bien, para la mala situación económica que atraviesa el grueso de la población mexicana, conseguir las 682 estampitas parece una labor titánica: se tendrían que comprar cerca de 137 sobres, generando un gasto de mil 918 pesos, panorama que no contempla material repetido. Sumado a esto, los aficionados deberán conseguir el resto de los ‘pegatines’, desplegados en botellas de refrescos o en internet; obligando a realizar un gastito más: una inversión notablemente más elevada si se considera que llenar el álbum del mundial pasado, tenía un costo de 777 pesos… sí, más del doble que el actual.

Aunque para muchos el sueño de llenar el cuadernillo parece imposible, para Fineldo SPA (empresa dueña de la marca ‘Panini’) no lo es tanto; es más, incluso ese sueño se ha convertido en una jugosa estrategia de ventas, pues hasta el momento se tienen muy pocos registros de personas que han logrado llenar una colección, con todo y pese a que anualmente se venden más de 6 mil millones de sobres en el mundo, entre colecciones todo tipo. No obstante, pese a esta impresionante cifra de ventas, pocas son las personas que han logrado llenar una colección.

Incluso, diversos estudios han claudicado en sus intentos de investigar cuántos sobres se tienen que comprar para llenar una colección, pues a medio análisis, sus gastos ya han rebasado sus expectativas. Es por ello que la marca ha encontrado en la ilusión de llenar el álbum el núcleo de sus ventas. Y es que, en esta búsqueda por hacerse de estampillas, los coleccionistas gastan mucho más de lo planeado, generando ganancias millonarias para la marca y, en la mayoría de los casos, una desilusión personal rotunda al no poder alcanzar su objetivo de completar su colección.

Por muchos escepticismo que existe en torno a estampillas inexistentes o a los ‘iluminados’ que han logrado completar el álbum, su consumo está garantizado, la idea de poder llenar el cuadernillo es casi tan placentera como la sensación del sobre rompiéndose entre los dedos, esos que ojean una y otra vez una serie de páginas multicolor, llenas de publicidad que muy probablemente se queden sin completar hasta la compra de la siguiente entrega.


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