Didier Drogba: El Elefante pacificador que detuvo una guerra civil

2018 Dic 04

   Carlos Rodríguez Ávila / @miyagui_flx    2018 Dic 04


El mes pasado se retiró uno de los mejores delanteros que me ha tocado ver (y uno de mis jugadores favoritos). Un delantero con una capacidad física impresionante, que supo estar presente en los momento importantes de sus clubes y su selección. Uno de los mejores africanos en la historia. Hablamos de Didier Drogba, de quien hoy recordaremos uno de sus goles más importantes, aquel que le metió a la guerra civil en su natal Costa de Marfil.

Para iniciar este relato, debemos ponernos en contexto: Costa de Marfil se independizó de Francia en 1960, pero desde entonces no se logró establecer una paz perpetua dentro del país. Los conflictos étnicos y principalmente los religiosos, entre los cristianos del sur (quienes estaban en el poder) y los musulmanes del norte, era la única constante de la nación.

El conflicto estalló en 2002, a consecuencia de la firma de nuevas reformas en el gobierno que redujeron los derechos de los musulmanes del norte. Los intentos de golpes de estado habían estado presentes en varias ocasiones y tras un nuevo y fallido intento, el grupo de rebeldes cometió una ola de asesinatos en la ciudades de Bouaké y Korhogo el 19 de septiembre de ese año.

Estas trágicas fechas coincidieron con una situación completamente polarizada en el balompié marfileño; Los Elefantes vivían su generación dorada de futbolistas, con nombres como Cyrille Domoraud, los hermanos Touré, Kolo y Yaya; Salomon Kalou y el mismísimo Didier Drogba.

Esta generación se encargó de escribir historia y su primer gran éxito fue el haber conseguido la primera clasificación marfileña a un Mundial y con final de foto, como no podría ser de otro modo.

La última jornada de la Eliminatorias de la CAF para el Mundial de Alemania 2006, tenían como principal atractivo la lucha codo a codo de los Leones de Eto’o y los Elefantes de Drogba, en el grupo 3. Camerún llegaba con 20 puntos y diferencia de +10 goles, mientras Costa de Marfil hacía lo propio con 19 puntos y diferencia de +5 goles.

Los Elefantes tenían que visitar a un rocoso Sudán, mientras que los Leones recibían a un siempre difícil Egipto. Los resultados eran de no creerse: Drogba y los suyos ganaban 3-1, mientras que Eto’o y compañía no habían pasado del 1-1. Costa de Marfil estaba en su primer Mundial.

La televisora local entró a los vestidores de los marfileños para capturar el momento del festejo y en ese momento, en el que todo Costa de Marfil estaba observando, Domoraud tomó el micrófono, se lo pasó a Didier Drogba y el artillero, viendo a la cámara, dijo:

“Marfileños y marfileñas, del norte y del sur, del centro al oeste. Ya vieron hoy que todo Costa de Marfil puede cohabitar, puede jugar en conjunto con el mismo objetivo, clasificar al Mundial. Les habíamos prometido que esta fiesta iba a reunir al pueblo. Hoy les queremos pedir un favor, nos ponemos de rodillas”, y efectivamente, lo hicieron, “Perdonen. Perdonen. Perdonen. El único país de África que tiene todas estas riquezas no las puede zozobrar en la guerra así. Por favor, depongan todas las armas, convoquen a elecciones, organícenlas y todo saldrá mejor”.

 

Al finalizar el discurso Drogba dijo de manera seria “Dejen las armas, queremos divertirnos”, el coro que sonaba durante los juegos del combinado nacional en la etapa de la guerra civil. “Dejen las armas, queremos divertirnos. Dejen las armas, queremos divertirnos”, le siguió todo el vestidor.

El Rey Elefante había disparado su tiro más potente, tanto que había llegado desde Sudán hasta todos los rincones de Costa de Marfil. El mensaje llegó en el momento indicado, toda la nación, entre unión y festejo lo escuchó. Una semana después ambos bandos acordaron el cese al fuego, y tras más de 4000 muertos en tres años, finalmente se organizaron elecciones. Había iniciado el final de la guerra.

Drogba sabía que el partido duraba 90 minutos y por ello no se detuvo. En 2006, luego del Mundial y  tras haber sido nombrado Futbolista Africano del Año, Drogba regresó a su país para celebrar el trofeo, y no lo hizo en cualquier lado. Didier había elegido Bouaké, la ciudad en la que los rebeldes habían instalado su cuartel general. Ahí aprovechó la fiesta para volver a lanzar una clara petición: unidad.

El entonces ya campeón de la Premier con el Chelsea sabía que no bastaba con la finta y debía volver a anotar. Se decidió por realizar una petición atrevida: un partido amistoso de los Elefantes en Bouaké en 2007. Este mismo se materializaría con la mediación de Drogba y algunas autoridades políticas y futbolísticas del país.

La fecha se había cumplido, 3 de junio. Se sabía que no sería un partido cualquiera, y todo se confirmó con la llegada de los líderes políticos del país, todos ellos siendo escoltados.

A todo volumen y cantado al unísono sonó “Te saludamos, oh tierra de esperanza. País de hospitalidad. Tus galantes legiones han restaurado tu dignidad”, La Abiyanesa, el himno nacional de Costa de Marfil. Al finalizar, Drogba aseguró que “ver a los dos bandos juntos cantar el himno de país fue muy especial. Sentí que Costa de Marfil volvió a nacer”.

Aquel día los Elefantes habían arrasado 5-0 con Madagascar. Costa de Marfil había goleado. Costa de Marfil había ganado. El día siguiente la prensa local tenía el mejor de todos los encabezados: “Cinco goles para borrar cinco años de guerra”.

Todo lo anterior le ha valido nombramientos como parte de las 100 personas más influyentes del mundo, por Time, o Embajador de la Buena Voluntad, por la ONU.

Aquel fue el gol que más se recuerda de su carrera (junto con el cabezazo en el Allianz Arena) y pese a un leve resurgimiento del conflicto en su país en 2011, Drogba no ha dejado de pelear por la unión y la paz en su país.

En 2007 Drogba creó una fundación en la que busca que el acceso a la educación para toda la niñez marfileña sea posible. Además tiene varios hospitales en su país, en donde él financia todo con la única condición de que toda la atención médica a los niños sea gratuita.

Esta es una pequeña parte de la historia de Didier Drogba: El Elefante pacificador que detuvo una guerra civil.


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