Un americanista antiamericanista

2018 Dic 16

   Juan Carlos Baños / @JuanCarlosoo8    2018 Dic 16


Yo aprendí a jugar fútbol en el barrio. Ahí, en medio de la calle, el balón me enseñó la humildad de la victoria y el orgullo de la derrota. De ganar un partido a ganar el respeto, elige siempre el respeto: esa era la regla dorada, inquebrantable. Y para ganarse el respeto uno tenía que jugar limpio, con alegría, en equipo. Los regates, combinaciones o golazos no interesaban, lo importante era divertirse. Tener talento era lo de menos, el esfuerzo era lo que realmente admirábamos, porque desde el momento en que el esférico rodaba, todos éramos iguales. Y mientras se dejara el corazón en la cancha de concreto, el regreso a casa se hacía con la frente en alto.

Terminar con la frente en alto, de eso se trataba todo. Cualquiera puede patear una pelota, no cualquiera deja de cometer una falta para evitar una anotación.  Cualquiera puede hacer tiempo al ir arriba en el marcador, no cualquiera se rehúsa a mantener el triunfo de esa forma incluso si ello supone la posibilidad del fracaso. Lo que los expertos señalan como estrategias o tácticas justificadas, en el barrio lo conocemos como trampa. En medio de la calle mis amigos y yo aprendimos a no ganar a costa de lo que sea; aprendimos a no burlarnos de quienes perdían y felicitar a quienes salían victoriosos; aprendimos a reconocernos en el otro, y aprendimos sobre todo a nunca rendirnos. Ese era el secreto para terminar con la frente en alto: nunca rendirnos, aun cuando la cosa pareciera imposible, incluso si al final lo era. Cada tarde, lo recuerdo, de eso se trataba todo, de no rendirse.

Hoy en la noche espero que en la final del fútbol mexicano ambos equipos salgan del mítico Estadio Azteca con la frente en alto sin importar el resultado. Y después de lo mostrado en este torneo y en el encuentro de ida, creo que si alguien puede hacerlo es el Cruz Azul. Como americanista, desde luego, me pondría contento que mi equipo alzara el trofeo. Como aficionado al balompié, sin embargo, sinceramente quiero que La Máquina sea quien se corone.

La razón es muy sencilla. Actualmente el América se ha convertido en un equipo sinónimo de pedantería, soberbia y excesos. Perder en casa, con su gente y ante Cruz Azul, sería una lección de humildad muy grande. De ganar, las Águilas sólo alimentarían su ya inmenso ego. Peor aún, sus aficionados no dejaríamos de restregar a todo el mundo la copa. Ódiame más, como si en eso consistiera el fútbol. Perder este domingo representaría una oportunidad para que el América y sus aficionados entendamos que un equipo verdaderamente grande nunca dice que lo es y mucho menos se jacta de ello.

Ojalá Cruz Azul nos quite la venda de los ojos. América, por más campeonatos que tenga, no es un equipo grande. A un equipo grande se le respeta. Y el América lo que menos tiene es el respeto de la gente. Inmersos en un sistema capitalista y un modelo neoliberal, se nos ha enseñado que la grandeza se mide por la cantidad de medallas y éxitos que uno ostenta. En el barrio, ese lugar de resistencia donde lo que falta son oportunidades y lo que sobran son ilusiones, aprendí que la grandeza se mide por la calidad de persona que eres aun teniéndolo todo. Pero para quien todavía crea que el América es un equipo grande; el América es un equipo grande al que nadie (más que sus aficionados) respeta.

Por su parte, Cruz Azul y su afición han mostrado lo contrario. Durante 21 años de sequía han aguantado fracasos, decepciones, humillaciones, tristezas, críticas, burlas y en una de esas hasta mala suerte. Con todo, no han dejado de luchar y se han levantado. Hoy, de pie, intentan hacer a un lado todos esos fantasmas. De los dos equipos, Cruz Azul es lo más cercano a un equipo grande en la final. Perdónenme, pero no puedo no respetar a un club cuya afición ha permanecido fiel en los momentos más oscuros de su historia; no puedo no respetar a un club que con coraje y determinación busca volver a intentarlo. Sí, sí, Cruz Azul ha dejado ir encuentros de manera inverosímil, pero por lo exhibido dentro y fuera del terreno de juego, en lo que a mí concierne, eso es un motivo de crítica y no de burla.

En fin. La moneda está en el aire. No tengo idea de quién vencerá. Lo que sí sé es que si en el Coloso de Santa Úrsula Cruz Azul sale a dejar el corazón, sus aficionados pueden estar seguros de algo: su equipo puede perder el campeonato, pero ganar el juego y dignificar un deporte llamado fútbol.

Hoy en la noche Cruz Azul tiene la oportunidad de ganar la final y América la oportunidad de ganarse el respeto.


Los más vistos


PRÓXIMO EVENTO

Horas

Minutos

Segundos

 

LA CHICA SPORT



Lluvia Carrillo, la ‘felina’ que domó al Tigre

Esta presentadora de TV se ha robado los corazones de propios y extraños, por su amor hacia el conjunto de los Tigres

 

LAMANODEDIOS.COM
DERECHOS RESERVADOS 2018