Cuando la muerte me hacía sentir la vida; hasta siempre, Parka

2020 Ene 12

   Carlos Rodríguez Ávila / @miyagui_flx    2020 Ene 12


Una de las mejores herencias que recibí desde que nací fue la lucha libre. Yo ya estaba unido al pancracio desde antes de nacer, pero cuando uno crece toma sus propias decisiones y como tal, me comprometí a amar este deporte espectáculo. Es importante recalcar que estas decisiones no llegan solas, hay factores que influyen en la toma de las mismas y uno de los factores que más tuvieron que ver, fue La Parka.

Dentro de mis tesoros más preciados de la infancia estaban mis luchadores y mi ring de la AAA, pero al que más apreciaba era la figura de La Parka, porque era al ídolo que tenía en televisión, era al que sí podía ver cada ocho días; era el que me marcó.

Desde pequeño tuve la oportunidad de conocer a muchos grandes luchadores, pero el encuentro que más ilusión me generó fue la primera vez que pude conocerte. Estaba conociendo a un ídolo y lo hacía ya de manera consciente.

Bendita la noche del 31 de agosto del 2004. Recuerdo bien que mis padres me preguntaron qué quería de cumpleaños y yo lo tenía bien claro: “ver a La Parka”. Ese día asistimos a la Arena Juba y fue mágico. Fue mágico poder conocerte. Una lucha tan de tu estilo donde La Bestia te sometió y maltrató a su gusto (recuerdo que manchaste la playera de mi papá con la sangre que brotaba de tu frente) y te lograste sobreponer a la adversidad, triunfaste y te llevaste su máscara. No podía creer que apenas dos meses después de que habías desenmascarado al Cibernético, estaba viéndote conquistar otra capucha.

Antes de la función te vimos llegar a la Juba sin máscara y dudamos mucho que fueras tú, pero cuando la lucha terminó y todo acabó fuimos a pedirte una foto, también fiel a tu estilo, no te negaste. Cuando vi de cerca tus chinos, me di cuenta que antes de la función había conocido a mi ídolo y sin máscara. Sinceramente olvidé tu rostro porque yo idolatraba a La Parka, no a Jesús Alfonso Escoboza Huerta.

Cuando era muy pequeño, mantenerme tranquilo era muy sencillo. Mis padres sólo tenían que ponerme mis VHS de luchas, entre ellas estaba una donde te involucraste en una jaula de apuesta de máscara. Entre todos los gladiadores de aquella jaula estaban Fuerza Guerrera, Octagón, Psicosis, Súper Caló y tú. Mi momento favorito, sin importar todas las veces que ya había visto la lucha, era cuando tú salías y salvabas tu tapa. Sobra decir que ese niño que se quedaba pegado a la televisión durante la lucha y cualquier función donde aparecías, se aprendió el baile al ritmo de Thriller, aunque nunca logró tener la gracia que te caracterizaba.

Maldita la noche del 20 de octubre del 2019. En el aniversario de la Coliseo de Monterrey y ese cuadrangular donde compartías lona con Rush, LA Park y Murder Clown. No quiero caer en el “y si hubiera”, pasó y punto. Desde aquella noche te hiciste viral, el video estaba por todos lados y yo sólo esperaba que la siguiente ocasión que estuvieras en boca de todos, fuera por tu recuperación. Después de 83 días y tres operaciones, volviste a aparecer en las notas, pero no como me hubiera gustado.

Infinitas gracias por tu entrega, por tu carisma y por haber marcado mi vida, Chuy. Nunca olvidaré todos los momentos cuando la muerte me hacía sentir la vida.

Fuerza, luz y resiliencia a tus dos hijos y toda tu familia.

 


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