Adiós, Barrilete Cósmico

2020 Nov 25

   Carlos Rodríguez Ávila / @miyagui_flx    2020 Nov 25


El 30 de octubre de 1960 nació, en Villa Fiorito nació Diego Armando Maradona Franco. Un predestinado que conoció a su mejor amigo casi a sus 9 años, en un lugar similar a donde todos conocemos a nuestro primer amor, ‘un llanero’ o mejor conocido como ‘potrero’ en Argentina. A los 13 años Maradona junto con Los Cebollitas demostró que él y la redonda habían nacido para conocerse, algo que pocos pueden presumir. En la historia de todo héroe hay un lugar que les reclama, incluso dos.

El 16 fue uno de los números mágicos para Maradona. Debutó en la Primera División Argentina en la víspera de esta edad, fue el dorsal que portó al momento de ingresar a la cancha aquel 20 de octubre (casi como un regalo anticipado de cumpleaños). El 16 marcó el inicio de un héroe, inicio que él mismo reconoció asegurando que “ese día toqué el cielo con las manos”.

Las historias de fantasías con inicio y final perfecto pertenecen a los libros, son de ficción. Diego no la tuvo fácil al inicio, pues con Argentinos Juniors pese a demostrar que ya era un diferente, nunca logró clasificar a la parte final del torneo, pero los esfuerzos y la magia siempre son remuneradas. Talento y constancia.

Dieguito (de cariño, no de diminutivo) conoció a uno de sus grandes maestros a sus 19. Menotti lo convocó para la Selección Juvenil apenas un año después de haberse consagrado con la máxima gloria en el futbol. El Mundial de 1979 sirvió como una vitrina, ahora el mundo conocía a su próxima estrella. Argentina se llevó la copa a casa, no sin que Maradona fuera nombrado el mejor jugador del torneo. Temprana consagración.

Los héroes toman decisiones y deben sostenerlas. Una de las de El Pelusa fue cumplir su sueño de jugar con la remera de Boca. El debut, a principios del 81, fue mejor que el que tuvo con Argentinos y apenas en su primer partido anotó. Casi dos meses después de su debut xeneize jugó su primer Superclásico, donde también mojó.

¿Cómo podría un héroe salir de su tierra sin conocer la gloria ahí mismo? Maradona llegó a lo más alto en el futbol argentino por primera y única vez con Boca Juniors. Aquello devendría en que el Barcelona le contratara en la previa del Mundial de España 82.

El debut de El Pelusa en los Mundiales mayores trajo consigo dos situaciones importantes para el futuro: Argentina comenzó su participación en el Camp Nou, la que sería su próxima casa, y caería derrotada ante Bélgica, aunque la vida le tenía preparada una sorpresa apenas cuatro años después. Revancha.

Ese año Maradona viviría su primera decepción vistiendo la albiceleste. Argentina superó la primera fase de grupos, pero en la segunda se encontró con Brasil y con una Italia que tenía a grandes figuras como Paolo Rossi, Dino Zoff y un Marco Tardelli en su momento de gracia. Salieron de España por la puerta de atrás.

En el Barcelona no logró dar su mejor versión, pero demostró de donde vino. Demostró que el héroe se defiende si lo llevas al máximo. Goikoetxea, del Athletic le propinó una de las patadas más fuertes en su carrera, tanto que salió en camilla con el tobillo izquierdo, roto.

El héroe cayó. Tres meses y medio de baja, una baja sensible para un Barcelona que no se pudo coronar en la Liga, pero ayudó a que el Barcelona llegara a la final de la Copa del Rey buscando el bicampeonato.

Ahí llegó una de las pruebas de revancha que la vida le presento al Diego en diferentes ocasiones de su vida. La final de la Copa del Rey de 1984 fue Barcelona contra el Athletic Club. El vigente campeón de la Copa del Rey contra el campeón de Liga. Las declaraciones previas al duelo no se hicieron esperar. El partido lo perdió el Barcelona, y la cacería no se hizo esperar, el partido fueron 90 minutos de golpear a Maradona. Todo se calentó.

El último partido de El 10 como blaugrana estuvo marcado por lo que ocurrió después del pitazo final del partido. El argentino se encaró con Miguel Ángel Sosa, llegaron a lo golpes y patadas dentro del campo de juego y rodeado de el vitoreo de los aficionados del Bilbao. Bravo.

Los astros se alinean. Luego de la bronca en la final de la Copa del Rey, Maradona fue suspendido tres meses del futbol español, castigo que orilló al Barcelona a aceptar la oferta del Napoli. La squadra azzurra quería aprovechar que cuatro años antes la Serie A había reabierto los fichajes a extranjeros, quería colocarse en el mapa del calcio.  Unas puertas se cierran y otras se abren.

El héroe cambió de colores. Cambió el azulgrana por el azul ‘cielo’, el mismo cielo en el que estaría los próximos siete años de su vida. Maradona protagonizo el mejor crossover de héroes en la historia, una Serie A donde la élite franceses, holandeses, brasileños, alemanes y resto de jugadores del mundo convergieron (y obviamente también la crema y nata de Italia). El cielo estaba por abrirse.

1986 es el año en el que Maradona abrió el cielo y demostró que ni aún así tenía límites, superó la atmósfera y llegó a conseguirse un lugar en la eternidad en el firmamento. Demostró su afinidad con las estrellas desde el verano de ese año.

Aquel año también fue donde se le presentaron las revanchas a El Pelusa. Las grandes revanchas estaban reservadas para la tierra de los reyes y dioses: México. La fase de grupos la superó sin conocer la derrota, superando a Corea del Sur, igualando con Italia (actuales campeones) y batiendo a Bulgaria.

La Albiceleste dejó en el camino a Uruguay por la mínima en octavos, pero faltaba el mejor día de su vida, el día en que no tocó el cielo, lo vio desde arriba.

22 de junio, ese día los cuerpos celestes de todo el universo se alinearon, más que como un fenómeno astronómico, parecía que hacían un pasillo, para ver desfilar a la máxima estrella. Maradona mostró su mejor versión aquel día en el único estadio que ha visto a los dos más grandes en lo más alto.

Los cuartos de final estaban cargados de todo lo que puede recopilar el futbol. Polémica, política, rivalidad deportiva, resentimiento social, ganas de revancha. Todo después de la Guerra de la Malvinas.

Después de un conflicto bélico, donde se metieron balas, bolas de cañón, tanques, aviones, barcos, bombas y todo lo posible, menos las manos, Maradona fue el único con el valor de meter las manos, la mano para ser más específicos, aunque toda la vida se lo haya atribuido a Dios.

Apenas cuatro minutos después tuvo el valor de inventar un nuevo adjetivo: “maradoniano” en referencia a la pintura de anotación de la cual Inglaterra fue víctima.

La coronación de Maradona no llegó sin que la vida antes le diera una nueva oportunidad de revancha. Maradona enfrentaba a Bélgica, tal como la vida se lo había guardado. Y sí, también D10s estuvo presente. Doblete para ‘regresarle’ el favor a los belgas. Revanchas cobradas.

Con Alemania Federal fue casi una cuestión de trámite. El cierre del Mundial tuvo una asistencia de Maradona. El astro argentino había cumplido con la mitad de su destino. Maradona había sido parte directa de 10 de los 14 goles argentinos en el certamen. Inigualable. Había cumplido con una de las dos tierras que le reclamaban.

El Napoli consiguió su primer scudetto gracias al tridente MaGiCa (Maradona, Giordano y Careca). Por primera vez en la historia del club azzurro se habían coronado en Italia. Un astro brilló entre todas las estrellas. Los partenopei ya formaban parte de la élite italiana.

El pibito de 1.65 de Villa Fiorito se había convertido en un héroe para un equipo, para un club, para una ciudad, para una región. A través del balón abolió toda discriminación sufrida por el sur de Italia a través de su mejor amiga y en su lugar de amor y felicidad.

Diego fue el nombre más registrado para los recién nacidos e incluso hubo quienes se cambiaron el nombre. La cara y el nombre de Maradona estaban por todos lados de la ciudad, desde las paredes hasta los puentes y cualquier lugar que uno pudiera pensar.

El héroe había liberado a uno de los dos lugares que le llamaba desde su nacimiento. Napoli tenía a Diego y Diego tenía a Napoli.

Lamentablemente hay que recalcar que las historias perfectas son sólo para la ficción. Ningún héroe de carne y hueso puede salir del infierno o llegar al cielo intacto. Maradona fue un caso más. Napoli fue su cielo y también su infierno. Ahí fue donde logró ser más feliz con su mejor amiga y donde conoció a su peor enemiga. Realidad.

Después de esta parte llegó una etapa donde pese a las pocas presencias, Sevilla y Newell’s tuvieron lo suficiente para disfrutar la magia de Diego. La polémica con Codesal, las adicciones aún más fuertes. Infierno total.

De la última etapa de la carrera como jugador de Maradona me quedo con una de las mejores frases de nuestro deporte de todos los tiempos: “Ojalá que no se termine nunca el amor que tengo por el futbol y el amor que me tienen. El futbol es el deporte más lindo y más sano del mundo, eso no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno no tiene que pagar el futbol. Yo me equivoqué y pagué, pero… la pelota no se mancha”.

Su etapa como entrenador será harina de otro costal. Maradona fue tan grande que nunca se terminaría de hablar de él en un solo día. No hay lugar a dudas luego de decir que Diego Armando Maradona Franco fue el más grande ícono del futbol en su historia. Figura eterna.

Maradona fue un humano que nos demostró muchísimas cosas, que puedes llegar desde lo más bajo hasta volar cerca del Sol (emulando a Icaro), pero para mí lo más importante es que me demostró que los héroes también son humanos, también erran y toman decisiones equivocadas. Inperfección.

Además de que hay que dejar en claro algo que rompe completamente el clásico “los deportistas tienen que ser un ejemplo”: Diego en más de una ocasión dejó en claro que no buscaba ser un ejemplo para nadie.

Hoy amanecimos con una noticia lamentable. Este 25 de noviembre se apagó una de las luces que más ha iluminado el futbol en toda su historia. Diego Armando Maradona murió y el mundo del futbol perdió algo, tal vez la explicación más cercana para tratar de entender el sentir del balompié en estos momentos es que se ha de sentir como si perdieras un pedazo de alma, así de incomprensible. El balón perdió un gajo, está incompleto.

Adiós, Barrilete Cósmico.

 


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